"Nos están matando", escribió la periodista argentina Marcela Ojeda en Twitter.

El 3 de junio del 2015, después de que un grupo de periodistas difundiera la convocatoria por Twitter y otros medios, Ni Una Menos explotó en las calles de todo el país. La primera marcha masiva por los derechos de las mujeres, y que reclamaba basta de femicidios.

"Ni una menos nació ante el hartazgo por la violencia machista, que tiene su punto más cruel en el femicidio.” (Carta Orgánica: https://niunamenos.org.ar/quienes-somos/carta-organica/)

Y lo hicieron tras una sucesión de asesinatos contra mujeres que conmocionaron a la sociedad en ese momento.

La última de esa serie de muertes fue la de Chiara Páez, una adolescente de 14 años que estaba embarazada, asesinada a golpes por su novio, Manuel Mansilla de 16 años, en Rufino, Santa Fe, en el centro de Argentina. Mansilla confesó que mató a la adolescente porque ella se había negado a abortar. En 2017 fue condenado por la justicia argentina a 21 años y medio de prisión.

La muerte de Chiara Páez dio el puntapié para que muchas mujeres en Argentina dijeran basta y gritaran que no se puede tolerar la muerte de ninguna más.

Desde el 10 de mayo al 3 de junio de 2015 esas mujeres empezaron las organizaciones para la marcha que hizo temblar la tierra.

La convocatoria masiva fue coronada con un documento consensuado entre veintena de comunicadoras que venían de muy diferentes espacios y con formaciones muy diversas: feministas, no feministas, especialistas en cuestiones de género y cronistas de calles; conductoras de televisión y redactoras de medios autogestionados. En esas diferencias radicó en gran parte el éxito de la movilización y la viralización de la consigna Ni Una Menos.

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Ni Una Menos tiene su origen en un encuentro realizado en la Biblioteca Nacional bajo esa consigna, del que participaron varias de las cuales luego formarían parte de esa convocatoria para el 3 de junio.

“En 2008 mataron a una mujer cada 40 hs; en 2014, cada 30” Así empieza el documento que fue leído esa tarde del 3 de junio de 2015 en las plazas. En 2020, las cifras de la Casa del Encuentro, la ONG que mide los femicidios publicados en los medios de comunicación desde 2013, indican que el índice no desciende y que el aislamiento profundiza el problema: desde el inicio del confinamiento obligatorio, 57 mujeres fueron asesinadas sólo por ser mujeres, el 71% fue asesinada en su casa y el 65% de los femicidas son parejas o ex -parejas.

El primer punto del documento 2015 planteaba que se pusiera en marcha el Plan Nacional de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las mujeres. Hoy esa deuda sigue pendiente.

El Ministerio de la Mujeres, Géneros y Diversidad está dando en estos momentos las últimas puntadas a su propio Plan de Acción, que comenzó con reuniones presenciales en las distintas provincias y terminó por Zoom.

El paso más del Ni Una Menos fue la politización de las violencias machistas, la sensibilización social sobre la necesidad de poner la lupa en la desigualdad estructural, esa cadena de violencias cuyo último eslabón es el irreparable: el femicidio. Detrás de esa forma de consciencia masiva de la sociedad civil y de parte de la dirigencia política, vinieron la Ley Micaela, La de Paridad y la aprobación de la Interrupción Voluntaria del Embarazo en la Cámara de Diputados.

Detrás del Ni Una Menos, vinieron los paros internacionales de mujeres y diversidades, Mirá Cómo Nos Ponemos; Mee Too y la performance “El Violador eres Tú”.

El grito colectivo no hizo más que visibilizar la lucha de las mujeres y las diversidades por la igualdad de los derechos y oportunidades.

Desnudó, para siempre, que lo personal es político. Cinco años después, aún en el encierro que provoca la pandemia, se escucha fuerte.

“Ni una menos” es la manera de sentenciar que es inaceptable seguir contando mujeres asesinadas por el hecho de ser mujeres o cuerpos disidentes y para señalar cuál es el objeto de esa violencia.(…) Esa consigna desbordó las interpelaciones previas del feminismo, desde donde la violencia machista se viene denunciando hace décadas, pero al mismo tiempo, desde la primera marcha del 3 de junio de 2015, la calle y el documento demostraron que la fuerza que se movilizaba era un impulso feminista, se reconociera o no albergado en esa palabra, en su pluralidad de tonos y voces.

Al calor de esas voces se consolida el Colectivo Ni Una Menos, con sus muchas expresiones regionales, como parte de un movimiento histórico, que tuvo y tiene hitos organizativos fundamentales en las tres décadas de Encuentros Nacionales de Mujeres y en la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto legal, seguro y gratuito. Y que también se reconoce en las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, en las mujeres revolucionarias que fueron sus hijas, en los movimientos LGBTIQ, en las que se organizaron en sindicatos y en las piqueteras, en las mujeres migrantes, indígenas y afrodescendientes y en la larga historia de luchas por la ampliación de derechos.

Ni Una Menos es un colectivo que reúne a un conjunto de voluntades feministas, pero también es un lema y un movimiento social.

Ese movimiento plural y heterogéneo hizo que en poco tiempo en cada hogar, sumado o no a la lucha en las calles, puedan identificarse pequeñas inequidades y violencias cotidianas como acciones que agravian las biografías y cercenan la vida en libertad: de poder decir sí o de decir no. Este movimiento quiere permear las bases de la desigualdad, y transformarla.”


Fuentes:

LaMantaDeLaManto BannerLateral

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